¿Adiós a la Crisis? ¿Seguro?

By 7 agosto, 2017Blog

Hace unos días veíamos en todos los medios de comunicación a nuestro Presidente del Gobierno sacando pecho ante las bondades de su gestión: las cifras del paro mejoran ostensiblemente en el segundo trimestre del año, la macroeconomía dice que el país crece por encima de Europa y por encima de las previsiones, mejora el consumo interno y aumentan las exportaciones… Casi al mismo tiempo se publicaban los resultados de muchas empresas del Ibex, con avances más que notables en sus beneficios y perspectivas al alza en todos los sectores…

El mensaje difundido era evidente. Bravo, enhorabuena, felicitémonos, por fin hemos salido de la crisis, porque estamos por encima de los datos de 2008… Pero, ¿saben que creo? ¡Que el papel lo aguanta todo!.

Las grandes empresas nacionales mejoran sus resultados, en gran parte, porque están recogiendo los frutos de sus agresivas medidas de ajuste en años anteriores, ajustes que se centraron sobre todo en empobrecer a los trabajadores mediante EREs, despidos, recortes salariales y restricción de derechos. No hay grandes avances en resultados debidos a las inversiones en investigación e innovación, ni tampoco debidos a mejoras evidentes de productividad; no trabajamos mejor, no producimos mejor… simplemente despedimos a los empleados más costosos, con antigüedad y derechos adquiridos, para contratar (léase explotar) a otros más baratos, a los que podremos exigir más por menos, abusando de su posición precaria en un mercado laboral que tiene forma de embudo: un extremo estrechito para los trabajadores, el otro enorme para los empleadores. Es el gran logro de nuestra Reforma Laboral. Y, para apuntalarla, viene el FMI a decirnos que debemos seguir por esa línea, porque es la que funciona. Y, no contentos, nos dicen que ahorremos para el futuro, porque nuestras pensiones, suponiendo que existan dentro de dos o tres generaciones, serán ridículas. ¡Qué horror!.

Y ¿qué decir de las cifras del paro?. Es cierto que hay más personas contratadas, pero todos sabemos qué clase de contratos se formalizan cada día. La mayoría no respetan derechos que hace unos pocos años eran indiscutibles; instalan la desigualdad en las empresas, oprimen a quienes buscan empleo, obligándoles a aceptar lo que sea, como sea, con tal de sobrevivir; se aprovechan de la enorme mano de obra cualificada que sale de nuestras universidades hacia su primer destino laboral, que se ve en la encrucijada de aceptar condiciones abusivas para adquirir algo de experiencia práctica, porque sin ella no te quieren en ningún lado… Eso sí, cuando la adquieras seguirás siendo carne de cañón, porque las empresas quieren beneficios inmediatos, no personal experto y cualificado que aspire a ganar más. Mientras, los empresarios, los del Ibex y los otros, más pequeños, se aprovechan de una situación que les favorece enormemente, que les pone en bandeja el control del mercado laboral.

Frente al ciego optimismo de nuestros gobernantes, no podemos dejar de observar la realidad del día a día: tenemos una enorme masa laboral sin cualificar, una generación perdida, que hace imposible que nuestras cifras de paro bajen de los 2 millones; tenemos también una gran cantidad de mano de obra cualificada y formada, pero a la que la crisis ha puesto en una situación, el paro, de la que probablemente no saldrán, simplemente por haber cumplido los 50, por ser demasiado caros o difícilmente manipulables; tenemos una gran cantidad de jóvenes universitarios parados o subempleados, porque han concluido unos estudios superiores que no les garantizan el acceso a un empleo en condiciones dignas; tenemos un montón de trabajadores que dependen de salarios que apenas cubren niveles de subsistencia, que no retribuyen ni de lejos su dedicación, su esfuerzo ni su talento… Hace pocos años el mileurista era visto como un marginado social, alguien que se había quedado atrás, descolgado del sistema; ahora, ser mileurista es una suerte deseada por millones de españoles. A eso llaman algunos salir de la crisis… Tenemos una clase dirigente empeñada en resolver problemas políticos que ellos mismos han creado, por acción o por omisión, en lugar de centrar sus esfuerzos en mejorar la vida de los ciudadanos de a pie; tenemos trabajadores desencantados, desmotivados, que en el mejor de los casos pasan de contrato precario en contrato precario sin esperanza de alcanzar una estabilidad laboral que les permita hacer planes de futuro… planes que necesariamente pasan por ahorrar, según nos dicen… pero, ¿cómo quieren que ahorren con estos niveles salariales?. También nos dicen que la economía crece con el consumo, pero… ¿quién tiene capacidad para consumir, cuando millones de hogares no llegan a fin de mes?.

Ante este panorama, algunos pensarán que es fácil ver los toros desde la barrera. Lamentablemente yo no tengo las soluciones, sólo escribo sobre lo que veo. Pero me parece evidente que nuestro modelo social no sólo no ha salido de la crisis, sino que está inmerso de lleno en ella, haciendo que los ciudadanos carguen con la mayor parte del peso fiscal, laboral y financiero, mientras la riqueza se distribuye de forma cada vez más desigual. Y no es una proclama política, es nuestra realidad.

Aunque, puestos a aportar ideas al debate, se me ocurre que mientras nuestras universidades sean fábricas de camareros, no habremos salido de la crisis; mientras los jóvenes más preparados tengan que salir fuera a buscar trabajo, no habremos salido de la crisis; mientras esos jóvenes tengan que aceptar ocupaciones precarias para adquirir experiencia, no habremos salido de la crisis… mientras los empresarios tengan facilidades para saltarse las leyes, no habremos salido de la crisis; mientras nuestra sociedad no garantice oportunidades para todos, no habremos salido de la crisis; mientras nuestra economía no cambie los servicios básicos por industrias de alto valor añadido, no habremos salido de la crisis; mientras aceptemos como “deseable” un salario de mil euros en la Europa del bienestar, no habremos salido de la crisis; mientras nuestra clase política sea beneficiaria de prebendas, en tanto que se nos dice que no hay dinero para asistencia a nuestros mayores, no habremos salido de la crisis…

Por eso pido a nuestros dirigentes, empresarios y políticos, con el Presidente del Gobierno a la cabeza, un poco de vergüenza: basta de declaraciones rimbombantes, basta de cuentos; pónganse a trabajar de verdad en favor de los ciudadanos, de la justicia social, de la igualdad real. No nos tomen por tontos, porque no lo somos. Si las cosas van bien, estupendo, díganlo, pero con humildad y realismo, facilitando información veraz y no eslóganes; y si no van tan bien, díganlo igualmente, pero no nos mientan. Soportaremos mejor mil verdades, por feas que sean, que una mentira bonita.

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