¿Cuánto vale tu tranquilidad?

By 20 febrero, 2017Blog
inversiones tecnológicas

La prensa, la televisión y, por supuesto, todo tipo de publicaciones especializadas nos alertan, cada vez más, sobre los riesgos de seguridad que, como usuarios informáticos, corremos cada día.
Aun así, las estadísticas de incidentes siguen siendo demoledoras, lo que nos lleva a concluir que nos falta conciencia del riesgo a la hora de tomar medidas de protección.

Entre las razones para que esto sea así, hay una siempre presente: el coste económico de la seguridad. Pero, ¿qué hay de cierto en ese argumento? ¿cuesta tanto protegerse? ¿es desconocimiento? ¿o una simple excusa? Vayamos a los números, y así aclaramos dudas.

Imaginemos una balanza, en la que pondremos: en un lado, el coste de un producto estándar del mercado; en el otro, las ventajas de contar con la protección de ese producto y los riesgos en que dejaremos de incurrir.

  • Coste del producto:

Como base, tomemos dos programas antivirus cualesquiera, con precios razonables de mercado: Antivirus McAfee Total Protection 2017, 1 año, 10 usuarios: 69 euros; Norton Security Premium, 1 año, 10 usuarios: 79 euros.

De ellos elegimos el más caro; hablamos de cubrir durante un año hasta 10 dispositivos, número probablemente suficiente para una pyme o una familia media. Además, podremos instalarlo en todo tipo de equipos, ya sean ordenadores de sobremesa, portátiles, tabletas o smartphones, de cualquier sistema operativo. El coste indicado, unos 79 euros, se puede desagregar así: un coste total diario de 0,216 euros (menos de 22 céntimos) por la cobertura de 10 dispositivos; es decir, poco más de 2 céntimos por dispositivo y día; un par de cenas, una prenda de ropa…. son muchas las equivalencias de coste que soportamos en nuestro día a día sin poner objeciones.

  • Riesgos evitados

Con el coste mencionado, 2 céntimos al día, obtenemos múltiples ventajas, entre ellas: evitamos ser infectados por la inmensa mayoría de virus del mercado y, de resultar infectados, podremos limpiar nuestro dispositivo y prevenir futuros ataques; aseguramos una navegación “confiable” en internet, advirtiéndonos ante páginas potencialmente peligrosas; evitamos el “phishing” o suplantación de identidad, uno de los fraudes informáticos más comunes; evitamos el acceso no permitido por terceros (“hacking”); protegemos nuestra información personal y profesional, asegurándonos del cumplimiento de las obligaciones legales derivadas de la LOPD; protegemos nuestra identidad en internet; impedimos la entrada de virus “camuflados” en archivos recibidos por correo, protegiéndonos incluso de nuestra propia curiosidad…

Por otro lado, la mayoría de antivirus del mercado nos facilitan prestaciones adicionales: limpieza periódica del ordenador, control de los ficheros que se abren al iniciar el equipo (mejora de rendimiento), bloqueo de programas no autorizados, prevención ante archivos que se abren de manera “opaca” a nuestra voluntad, etc.

Conviene considerar también, sobre todo en el caso de las empresas, las consecuencias de una posible infección por virus, desde la pérdida de la información archivada en el dispositivo hasta el coste de rescate de una potencial infección por algún virus de tipo “ramsonware”. ¿Qué coste le supondría a una empresa la pérdida de datos de sus clientes, la de su contabilidad o el borrado de su programa de facturación? Mejor no pensarlo.

Visto el coste de estos programas y las ventajas que proporciona su uso, cada cual debe decidir si vale la pena invertir un poco de dinero en ciberseguridad; desde luego que mi consejo no puede ser otro que recomendar encarecidamente la inmediata implementación de un buen programa antivirus de entre la amplia oferta del mercado. Mañana puede ser tarde.

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