La gestión y los detalles

By 28 agosto, 2017Blog

He observado que cuando hablamos o escribimos sobre gestión empresarial, muchas veces nos vamos por las nubes, como si ocuparse del día a día de una empresa requiriese un Nobel en física de partículas o  algo similar… Así, algunos blogs y artículos parecen tratados teóricos escritos para estudiantes de economía, mientras que otros resultan imposibles de entender por la complejidad de la materia o del lenguaje empleado para transmitirla. Supongo que todos los profesionales, humanos al fin y al cabo, tendemos a expresarnos resaltando nuestras cualidades y conocimientos; por mi parte, y sin querer quitar mérito alguno a quienes así escriben, trato conscientemente de no caer en ese error, intentando que lo que escribo lo entienda cualquier persona sin necesidad de conocimientos específicos… ¿Saben por qué? Porque la inmensa mayoría de las empresas de nuestro país son pymes o micropymes, pequeñas empresas familiares dirigidas por gente normal, por empresarios a la fuerza, trabajadores multitarea que quizás no han tenido la oportunidad de acudir a la universidad y formarse en las materias que les preocupan cada día. En ese sentido, si logro que este blog ayude a alguno de ellos a gestionar mejor, habré cumplido mi objetivo.

Porque la gestión empresarial tampoco es esa materia tan elevada que sólo unos pocos privilegiados pueden dominar, no; en infinidad de ocasiones, gestionar bien tiene mucho que ver con la constancia, la prudencia y los pequeños detalles.

La constancia nos llevará a ser metódicos, ordenados. Porque gestionar una compañía se acerca mucho a llevar las cosas de una forma organizada: establecer un sistema de información que nos permita conocer, en el momento preciso, las variables de nuestro negocio; reflejar las operaciones correctamente en una contabilidad que luego nos ayude a saber dónde nos movemos, cuanto gastamos, que hacemos bien y que hacemos mal; cumplir puntualmente con nuestras obligaciones: pagar a los trabajadores y proveedores, atender en plazo las declaraciones fiscales, los recibos de suministros básicos… el orden es esencial para gestionar una empresa, y no es algo especialmente complicado, sólo necesitamos ser metódicos y persistentes en nuestra actividad.

La prudencia, por su parte, debe conducirnos a gestionar huyendo de todo tipo de riesgos, evitando decisiones que puedan comprometer la supervivencia de nuestra empresa y de quienes la integran; debe ayudarnos a emplear el sentido común para hacer las cosas de la mejor manera posible, logrando que nuestros productos o servicios lleguen con fluidez y normalidad al mercado en el que son valorados y demandados. Se trata, en definitiva, de que seamos capaces de proveer un flujo continuo de bienes hacia quienes están dispuestos a pagar por ellos, sin correr riesgos indebidos que pongan en peligro nuestra actividad.

Esa misma prudencia debería conducirnos, cuando las cosas se complican, a recurrir a profesionales; de hecho, profesionalizar las áreas de gestión es una de las decisiones más prudentes (y sensatas) que puede tomar un empresario que se sienta desbordado por la situación de su empresa. Los beneficios de esa decisión serán inmediatos y duraderos. Me viene a la cabeza un dicho frecuente entre profesionales: “Si crees que un profesional es caro, espera a ver lo que te cuesta un amateur”

Y luego vienen los detalles… Todos apreciamos, en ese restaurante que tanto nos gusta, el gesto del propietario que pasea entre las mesas, saludando a sus comensales e interesándose por ellos. Un simple detalle que hará que volvamos allí, porque nos sentimos parte de una experiencia diferente. También apreciamos el cuidado envase de la colonia que nos ponemos cada día, o el perfecto orden en las estanterías del supermercado, que nos permite saber en todo momento dónde vamos a encontrar lo que estamos buscando… Detalles.

Los pequeños detalles son la “salsa” de nuestra actividad, el complemento que logrará que, en la decisión del cliente, nuestros productos sean preferidos a los de nuestros competidores. En esos detalles se concentra muchas veces la esencia de nuestro negocio, lo que hace que nuestros clientes permanezcan fieles a nosotros en el tiempo, lo que nos hace distintos. Hablamos de la calidad de los productos, de un trato humano excepcional, de premiar la fidelidad… pero también, por qué no, hablamos simplemente de cumplir con las expectativas generadas o con las cosas prometidas; en definitiva, hablamos de dar al cliente aquello que no le dan nuestros competidores: diferenciación.

Es fácil resumir las ideas que intento transmitir en este post: ser ordenado en el día a día, sensato en las decisiones y generoso con nuestros clientes. Sólo eso nos hará mejores. Manos a la obra!.

#hacerlascosasbien  #integridad

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