Las empresas familiares

By 22 mayo, 2017Blog

Recientemente leía el enésimo artículo sobre la problemática de la sucesión en las empresas familiares. Y, como siempre, me resultó de muchísimo interés, porque es evidente que estas empresas conforman el núcleo esencial de nuestra economía. Sin entrar en datos exhaustivos, baste señalar que en las islas constituyen el 95% del total de empresas, que más del 60% de las empresas familiares caen en el primer relevo generacional, y tan sólo el 10% sobreviven al segundo… (Fuente: EFCA, Asociación de Empresa Familiar de Canarias).

Estos datos revelan la importancia de la empresa familiar en nuestro entorno económico, y evidencian la imperiosa necesidad de garantizar su supervivencia como principal generador de empleo.

Las empresas familiares surgen en torno a un emprendedor, que ve una oportunidad y decide liarse la manta a la cabeza y lanzarse al mercado. Este empresario suele contar con olfato para emprender un negocio, capacidad para aprovechar oportunidades en un mercado que suele conocer y empuje para salir adelante. Por el contrario, normalmente le falta formación, conocimientos de gestión y la humildad suficiente para reconocer sus limitaciones.

Las siguientes generaciones suelen incorporarse a la empresa familiar sin cumplir requisito alguno. Quizás disponen de estudios y preparación específica, o quizás no; pero no suele importar, en la empresa familiar tienen un puesto garantizado. La formación, la especialización y la cultura del esfuerzo suelen brillar por su ausencia. Además, los descendientes normalmente acceden “con mando en plaza” y con un salario alto, que para eso la empresa es de su familia… Con estos ingredientes, los problemas no tardan en aparecer, como corroboran las cifras antes mencionadas.

Desde la EFCA se defiende la creación de un Consejo de Familia, órgano responsable de regular las relaciones entre la mercantil y los miembros de la familia. Para esta institución, el conocimiento de los valores de la empresa y la comunicación entre miembros son pilares esenciales para garantizar un relevo generacional exitoso. Y destacan que la empresa familiar no puede ser el refugio de jóvenes incompetentes ni una prisión para aquellos familiares que no quieren seguir los pasos de sus mayores. En definitiva, defienden una profesionalización que la mayoría de empresas familiares están muy lejos de alcanzar.

Por mi parte, he tenido amplia experiencia con empresas familiares, y en base a ella puedo afirmar que el problema de la sucesión de los fundadores y la continuidad de la empresa en el tiempo es aún más grave de lo que evidencian las estadísticas.

Si me centro en esa experiencia profesional, debo confesar que tengo muy poca fe en que las estadísticas de relevo generacional exitoso mejoren sustancialmente en los próximos años. Hasta la fecha, nunca he encontrado una empresa familiar que dispusiera de protocolos de acceso para los miembros de la familia fundadora, ni tampoco una regulación profesional de las relaciones familia-empresa; no he encontrado ninguna empresa que disponga de un plan de carrera para los sucesores, ni que regule su formación previa, ya sea sectorial o generalista; tampoco he visto a esos sucesores desarrollar prácticas laborales desde los niveles más bajos… Por el contrario, he visto a familiares sin experiencia laboral empezar con cargos y salarios de alto nivel, contando como único mérito con su apellido.

Todas las empresas requieren una gestión basada en la profesionalización; y las familiares más, si cabe. La presencia de profesionales de la gestión se me antoja esencial para fortalecer su estructura económica, planificar su desarrollo y orientarla hacia la productividad; en definitiva, para garantizar su supervivencia. Si no se cuenta con objetivos claros y bien definidos el futuro será mucho más difícil; la falta de protocolos de funcionamiento, la incorporación de miembros que no disponen de la preparación adecuada y ese permanente afán, latente en muchos de ellos, de demostrar que “la empresa es mía” abocan a muchas empresas familiares al fracaso. Contra esto sólo hay un antídoto: la humildad; las nuevas generaciones de empresarios familiares deben ser capaces de reconocer sus limitaciones, entender que es esencial prepararse para ocupar su lugar en el futuro de la compañía y, mientras lo hacen, deben ser capaces de dirigir la compañía contando con la ayuda y el consejo de auténticos profesionales de la gestión empresarial. Sólo así las empresas familiares tendrán oportunidades de supervivencia más allá de la segunda generación.

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