(Morir de éxito II) Errores comunes: Diversificación errónea

By 5 junio, 2017Blog

Sigo repasando algunos errores que las empresas cometen con frecuencia cuando alcanzan el éxito. Y uno de ellos, muy frecuente, se produce con la diversificación de su negocio. El éxito de nuestra empresa genera beneficios que deseamos rentabilizar sobre la marcha, de manera que los reinvertimos en nuevas áreas, que en ocasiones simplemente nos atraen, pero no dominamos. Y ahí pueden empezar muchos problemas.

Todas las empresas tienen vocación de expansión y crecimiento. Por tanto, la “tentación” ante una oportunidad de inversión que se presume rentable es grande. Mejorar las ventas, hacer la compañía más grande, fortalecerla de cara al futuro… son consecuencia de esa vocación. Para ello hay dos vías principales: potenciar nuestro negocio actual es la primera; pero invertir en nuevos mercados es, sin duda, muy atractivo. Y entre ambas existe una gran diferencia: mientras que en el primer caso contamos con el conocimiento y la experiencia en el mercado en que nos movemos, en el segundo se trata de una “aventura”, de comprometer nuestro capital en una actividad que la mayoría de las veces nos resulta desconocida. Y claro, eso conlleva riesgos.

Me viene a la cabeza una empresa del sector industrial, muy conocida, que en sus años de bonanza se aventuró a la promoción inmobiliaria para materializar sus beneficios ordinarios. La actividad inmobiliaria proporcionó rentabilidad durante unos años, pero la falta de conocimiento de ese mercado, la crisis del sector y sucesivas decisiones erróneas de sus gestores llevaron a la empresa a adquirir una deuda astronómica, en la que cada nuevo préstamo cancelaba el anterior… Mientras tanto, los beneficios por las ventas de su actividad ordinaria caían por la falta de adaptación a un mercado continuamente cambiante, en el que la competencia empezaba a hincar el diente con productos sustitutivos a mejores precios. Desatender su negocio principal para atender la problemática del nuevo resultó determinante. La crisis del sector inmobiliario provocó que en pocos años la empresa dejara de contar con capacidad de pago, las entidades bancarias empezaron a cerrar el crédito y exigir su deuda y la sociedad se vio abocada a un complejo concurso de acreedores del que no llegó a salir. Un gran negocio desatendido; una actividad alternativa desconocida; malas decisiones de gestión en momentos clave; cifras de endeudamiento desmedido…. y la boyante empresa cayó.

Las inversiones por diversificación pueden ser muy positivas en cuanto suponen facilitar fuentes alternativas de ingresos para la compañía, incluso alcanzar cifras de negocio superiores a las de nuestra actividad principal; pero debemos tener muy presente que cualquier inversión debe ser ejecutada tras un proceso de análisis serio y riguroso, en el que se valoren adecuadamente los ingresos previsibles y los costes de su puesta en marcha. Como en todas las inversiones, debemos contar con suficientes conocimientos del nuevo mercado, con información objetiva y veraz, y debemos actuar con la prudencia que requiere aventurarse en un negocio desconocido.

Recordemos que antes de acometer una inversión debemos contemplar con objetividad el escenario en el que la empresa se va a mover:

  • Consecuencias para el negocio actual si destinamos nuestros beneficios a una nueva actividad en lugar de capitalizar, potenciar y reinvertir en el negocio principal.
  • Importe de la inversión, valorando tanto la principal como todas las complementarias o necesarias para la puesta en marcha.
  • Procedencia de los fondos: analizar nuestra capacidad de inversión, si hemos de recurrir a fuentes externas, etc.
  • Rentabilidad esperada de la nueva inversión, comparándola con la rentabilidad que nos daría ese capital si no hacemos la inversión, o si lo reinvertimos en nuestra actividad principal.
  • Previsión de ingresos y gastos de la empresa a consecuencia de la inversión, valorando sobre todo la estructura de costes que nos veremos obligados a afrontar.

Una vez analizados todos los factores, estaremos en disposición de afrontar la toma de decisiones: si seguimos adelante con esa inversión, debemos centrarnos en planificar su ejecución con todo lujo de detalles. Con una adecuada planificación todo es más fácil, porque habremos pensado en la mayoría de contingencias y tendremos respuestas previstas para cada una de ellas.

Y siempre debemos mantener una idea esencial: las prisas no conducen a nada bueno. Si nos surgen dudas, pararse a reflexionar nos dará la oportunidad de realizar un nuevo análisis. Sin olvidar que, si no tenemos claro lo que debemos hacer, siempre podremos buscar ayuda profesional externa.

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