Pymes y talento

By 15 mayo, 2018Blog

Una reciente experiencia me ha hecho reflexionar sobre la forma en que se conducen algunas empresas en relación con sus recursos humanos, y el porqué de las enormes diferencias que se perciben en sus estilos de gestión.

Una importante multinacional extranjera viene realizando un proceso de selección, en diversos países europeos, para incorporar a chicos jóvenes a un programa formativo que, dentro de tres años, culminará con su incorporación al cuadro directivo de la empresa en alguno de sus centros europeos. El proceso de selección es, en su concepción y desarrollo, una muestra evidente de la preocupación de la compañía por su futuro; por un lado, la presencia del CEO en España, junto con un numeroso equipo de entrevistadores procedentes de toda Europa, integrantes de un equipo que denominan de Gestión del Talento; por otro, jornadas de trabajo perfectamente programadas y comunicadas, los chicos alojados en un hotel de calidad, que incluye “welcome pack” a su llegada, un pequeño crédito para consumo, coctel de presentación… Al día siguiente, entrevistas personales, presentación de un “case study”, trabajos en grupo… Horas de interacción con los candidatos, con el fin de profundizar en sus curriculums, conocer sus habilidades laborales y sociales, su capacidad de adaptarse y de innovar o su disponibilidad para moverse por distintos países… Nada garantiza el éxito, pero no cabe duda de que el resultado final de la selección logrará incorporar a la compañía a esos jóvenes con talento que buscan para liderar su futuro.

En el sentido contrario, una pyme local presenta un escenario totalmente distinto: en su departamento administrativo, un graduado ADE introduce apuntes contables rutinariamente en un quejumbroso ordenador, cuyo monitor se sostiene sobre un paquete de folios (divino remedio “ergonómico” nunca suficientemente alabado en nuestras empresas…), percibiendo por ello un salario mensual de risa; mientras, una administrativa atiende ruidosamente a trabajadores, proveedores  y clientes, con modales altaneros y cero empatía, mientras proclama a todo el mundo sus quejas porque está desbordada de trabajo. Un poco más allá, en el departamento de producción, un operario rellena a mano una interminable fila de envases, que pesa repetidamente en una báscula cada vez que añade producto con el objetivo de “aproximarse” al peso neto que indica el propio recipiente… interminable proceso de locura que una pequeña máquina hubiera resuelto en cuestión de minutos!.

A poco que nos paremos a pensar en ambas vertientes, entendemos una parte de los problemas de nuestras pymes: no cuidan los procesos ni buscan el talento en sus trabajadores, simplemente “pastan” en un mercado cada vez más complejo, que les lleva y les trae en función de variables que no conocen ni controlan. Mientras que en la multinacional existe una clara conciencia de que la empresa necesita a los mejores para hacer las cosas mejor, y destina recursos a buscarlos, formarlos y programar su futuro, en la pyme descrita, fiel reflejo de muchas otras en las islas, no se ponen ni siquiera los medios básicos para que los trabajadores desempeñen correctamente su trabajo, no se les forma para mejorar sus procesos, no se les incentiva… en definitiva, ni se atrae ni se premia el talento.

Una charla con jóvenes titulados universitarios es un regalo para los oídos de un tipo antiguo y descreído como yo, porque surgen términos como sostenibilidad, flexibilidad, tecnología, big data, industria 4.0…. Pero también, para mi sorpresa, se habla de #ética, de #compromiso y de #valores. Qué pena que nuestros empresarios solo piensen en incorporarlos a su cadena productiva, con un salario indigno, para rellenar la interminable sucesión de envases que les espera cada mañana en su lúgubre centro de trabajo.

 

Compártelo

USO DE COOKIES

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Más información.

ACEPTAR