No te pago para pensar

By 30 enero, 2017Blog
prevención riesgos

Pocas veces he escuchado palabras más ofensivas hacia un trabajador que las que titulan este post. Y menos acertadas.

En todas partes leemos que el mayor capital de las empresas son sus recursos humanos, sus trabajadores. Pero lo cierto es que muy pocas empresas actúan conforme a ello. De ser así, nuestras empresas funcionarían mucho mejor, porque aprovecharían al máximo un recurso que ya tienen en sus filas, por el que ya están pagando, y que casi siempre se desaprovecha: el conocimiento, la experiencia y el talento de sus trabajadores.

Por desgracia, son muchos los empresarios que piensan que su posición jerárquica les hace poseedores de todo tipo de conocimientos, sin que nadie pueda enseñarles nada; y nada más lejano a la realidad. Estos empresarios no aceptan consejos ni críticas de sus “inferiores”, como si hacerlo debilitara su posición de control de la compañía. Y no saben lo que se pierden.

En cierta ocasión viví una experiencia laboral en la que el empresario aceptaba de buen grado cualquier comentario favorable a sus tesis, pero se ofendía cuando alguien le decía que las cosas podían hacerse de modo diferente, aunque razonara sus argumentos en beneficio de la compañía y evidenciara consecuencias negativas si se hacían de la manera que el empresario proponía. En muchas de esas ocasiones la frasecita salía a la luz: “A ti no te pago para pensar”.

Cada vez son más las empresas que se toman en serio la formación de sus empleados, estableciendo programas formativos que contribuyan a mejorar sus conocimientos; sin embargo, siguen siendo pocas. Hay una enorme masa de pequeñas empresas en las que su estructura de mando es totalmente vertical; el jefe posicionado en la cúspide de la pirámide y los trabajadores debajo, con una misión clara: hacer lo que se les dice.

Esos mismos jefes no tienen en cuenta, en general, la experiencia y conocimiento que tienen sus empleados, tras largas jornadas ejecutando tareas rutinarias, simplemente porque las cosas siempre se han hecho así; si se escuchara más a esos empleados, perfectos conocedores de los procesos que realizan, quizás las cosas se podrían hacer de otra manera, generalmente beneficiosa para la empresa.

En mi experiencia directiva, cuando he escuchado a esos trabajadores “de a pie”, me he encontrado con todo tipo de cosas; algunas ideas disparatadas, otras muy costosas o simplemente irrealizables… y muchas ideas sorprendentes, cuestionando los procesos y planteando alternativas de trabajo que mejoraban la productividad de la empresa sin perder un ápice de efectividad o fiabilidad, de esas que te dejan meditando ¿por qué no lo habré pensado antes?

Sí, es cierto que a muchos jefes les satisface su posición de mando absoluto, considerándose muy por encima de aquellos a los que paga para hacer determinados trabajos. Pero no es menos cierto que muchos trabajadores pueden aportar a su trabajo un conocimiento, basado en su formación y sobre todo en su experiencia, que enriquece a la empresa, haciéndola más productiva. Aquí es donde comenzaremos a apreciar que un jefe no es necesariamente un líder; y que un líder puede ser cualquiera de los operarios de una fábrica.

Una empresa que quiere progresar, que busca la calidad en su concepto más amplio, que persigue la eficiencia por encima de la eficacia, sin duda establecerá criterios de participación de los trabajadores en los procesos que llevan a cabo; escuchará a los operarios, les animará a pensar y a involucrarse en el rediseño del puesto de trabajo. Y, estoy seguro, esa empresa mejorará dando voz a la experiencia.

Un ingeniero español de Airbus, Oscar Muñoz, explica en una reciente entrevista: “Un proceso de mejora no pasa por reducir el número de personas que trabajan. Se trata de optimizar el trabajo para que, donde antes pensaban dos y trabajaban el resto, ahora puedan pensar ocho”. Maravillosa reflexión.

Por eso, cuando escucho ese tipo de frases como la que enuncia este texto, no puedo por menos que revolverme por dentro, pensado cuanto mejor le iría a la empresa si su jefe se bajara del pedestal en el que él mismo se ha colocado.

Por favor, hagamos que los operarios piensen; se les paga para que cumplan determinado trabajo, pero también para que lo optimicen, para que muestren sus inquietudes, aporten ideas frescas y, en definitiva, ayuden al crecimiento y la eficiencia de la empresa.

No se es menos jefe por escuchar; bueno, sí, se es menos jefe, pero más líder.

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