El silencio de los buenos

By 17 julio, 2017Blog

Recientemente he conocido una situación que me ha traído a la cabeza una famosa frase de alguien no menos famoso, en absoluto sospechoso de comportamientos partidistas o faltos de ética. Se trata de Martin Luther King, que en cierta ocasión dijo algo así: “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los faltos de ética. Me preocupa más el silencio de los buenos.”

Sus palabras encierran un claro mensaje: la gente buena, la gente honrada, aquella cuya vida transcurre en un marco de valores como la #integridad y la #honestidad, no puede permanecer callada ante la injusticia, ante el abuso.

Viene esto a colación de una reciente sentencia laboral en la que un juez atribuye a una trabajadora una serie de hechos que son objetivamente falsos, cuya demostración en contrario resulta extremadamente fácil. Sin embargo, por no sé qué criterio técnico-jurídico, el juzgador recoge en su sentencia hechos, alegados por la empresa demandada, que no son ciertos. Y no es la primera vez que veo cosas así: en una sentencia de hace un par de años, un juez atribuía a un trabajador, falsamente, la propiedad de una empresa. Así, sin más. Con lo fácil que resulta comprobar este tipo de afirmaciones en el registro mercantil, resulta cuando menos temerario que un juzgador afirme categóricamente cosas como esta, que pueden condicionar la vida del trabajador hasta extremos desconocidos, y lo haga tan tranquilo, sin despeinarse…

Algo falla en nuestro sistema judicial cuando permite que veamos este tipo de cosas. Es cierto que el sistema se centra en aplicar la ley, no en buscar la verdad. Pero si la ley es mala, el resultado será malo. Y si se aplica basándose en hechos falsos, no podemos hablar de justicia.

La reforma laboral de 2012 puso patas arriba la justicia social de nuestro país, otorgando a los empresarios una libertad de actuación que, aun convertida en legal, resulta profundamente injusta. Los abusos, a partir de ese momento, han sido continuos. Sólo he citado un par de casos conocidos por mí, pero hay otros más que evidentes, como el de “las kellys”, avasalladas a diario por un sistema laboral que permite al empresario sin escrúpulos acercar a este colectivo cada vez más a la esclavitud; o como las contrataciones de trabajadores por menos tiempo del realmente trabajado. Hasta hace poco tenía un familiar trabajando en el área de “handling” de una conocidísima compañía aérea. Tras varios años en ella, trabajando ejemplarmente, se decidió a reclamar una mejora, denunciando su contrato a tiempo parcial, por el que cotizaba por sólo una parte de la jornada, cuando la realidad es que hacía jornadas completas, muchas de ellas superiores a las 8 horas. La empresa recibió la queja y a continuación, sin respuesta alguna, el trabajador fue despedido.

Algo grave pasa si un país que aspira a ser ejemplo de solidaridad, que presume de “estado del bienestar”, permite y fomenta estos comportamientos por parte de los empresarios. Y algo grave sucede si nuestro sistema judicial avala, con sentencias ridículas, este tipo de comportamientos.

Necesitamos cambios con urgencia. Necesitamos empresarios dispuestos a abrazar la ley, que entiendan que la búsqueda del beneficio empresarial no está reñida con el respeto por las normas y por el bienestar de sus trabajadores.

Y necesitamos jueces preparados, capaces, bien formados; jueces que apliquen las leyes, pero también que busquen la verdad y la justicia; los jueces son el instrumento de garantía de nuestro sistema social, por eso deben obligarse a cuestionar lo que llega a sus despachos de trabajo, a indagar hasta conocer realmente los casos que luego deberán juzgar. Si se limitan a enjuiciar en base a lo que dicen los empresarios, dotados de mecanismos de poder a los que los trabajadores no tienen acceso, estarán fomentando el abuso y la desigualdad social del país.

Hablemos de ello. Nuestra sociedad no puede continuar progresando, recordando las palabras de  Luther King, con el silencio de los buenos.

#integridad #honestidad

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