Sueño o pesadilla

By 17 mayo, 2018Blog

Hoy he decidido contarles una experiencia que tuve hace un tiempo, que nunca se me quita de la cabeza y que me lleva a pensar que, en este mundo de la gestión empresarial, apenas hemos aprendido; nos queda mucho por reflexionar y mucho, muchísimo camino por recorrer.

Verán, en cierta ocasión tuve un sueño muy extraño, del que me desperté sobresaltado en la cama, desconcertado ante la intensidad de lo que mi cabeza visualizaba. Durante unos segundos estuve sin saber si aquello era realidad o imaginación, si estaba sucediendo o, dadas las fechas propicias a los excesos (sucedió una Navidad), era la simple consecuencia de una resaca… como apenas bebo alcohol, que cada uno saque sus conclusiones.

Mi sueño comenzaba en un despacho, sentado ante el ordenador, redactando un informe que se me había solicitado sobre pautas de mejora de una compañía.

Conocer la forma en que se gestiona la plantilla resulta imprescindible para optimizar los costes operativos de una empresa, medir la productividad y valorar parámetros de satisfacción y compromiso de los trabajadores, resultando además determinante a la hora de evaluar su nivel de cumplimiento legal y ético. Por ello, en una evaluación de comportamientos de una compañía, realizaba una prospección preliminar en este sentido, intentando determinar la distribución de la plantilla, los turnos y horarios de trabajo, las pautas en periodos vacacionales o la forma en que se planificaba el trabajo en días festivos. Las respuestas obtenidas a mis preguntas me habían ido mostrando este panorama:

  • Los horarios del personal, establecidos desde el inicio de la compañía, nocturnos en muchos casos, se alargaban cada día mucho más allá de las 8 horas en los días normales, añadiendo además los turnos de fin de semana, que sumaban unas cuantas horas adicionales. Haciendo un pequeño cálculo, el horario superaba la legalidad, en promedio, un 40%.
  • Los excesos de jornada no se compensaban al trabajador en modo alguno, ni económicamente ni cambiándolos por días de descanso adicional. Es lo que hay…
  • Los trabajadores no tenían reconocidas las vacaciones anuales de 30 días, sino tan solo 15… ¿Y el resto? ¿Qué resto?
  • En la compañía no se consideraba necesario entregar a los trabajadores equipos de protección individual, ni mucho menos. Obviamente, tampoco se facilitaba uniformidad, calzado de seguridad ni nada parecido. Costes innecesarios…
  • Al contrario de lo que cabría pensar, los salarios de esos trabajadores no eran retribuidos de forma especial, alcanzando a duras penas (y no todos) los mínimos del convenio sectorial. ¡Y, desde luego, ni hablar de pluses de nocturnidad o similares!.
  • Los salarios eran abonados el día 5 del mes siguiente, siguiendo aquella justificación del “plazo de gracia” oída mil y una veces desde hace años… ¡bastante hacía el empresario, pobrecito, con pagar cada mes!

Cuando intentaba redactar mi informe final, siempre dentro de ese sueño, me veía intentando escribir en mi portátil términos tales como esclavitud, abuso, explotación, violación, ilegalidad, incumplimiento, desfachatez…. Y ¿saben qué? ¡el maldito ordenador no me dejaba, el teclado no respondía! De manera que no pude terminar de redactar mi informe, despertándome sobresaltado por no poder cumplir el encargo…

Supongo que muchos de Uds. se preguntarán si pueden existir compañías que operen cada día, en pleno siglo XXI, con estos criterios… La respuesta es no, tranquilos; fue sólo un sueño…

#hacerlascosasbien            #integridad

 

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